Ya llegó la noche más mágica del año. Es la noche en la que desearía volver el tiempo atrás y ser otra vez una niña. Porque los días previos a éste son una oda al consumo, al tener, al acaparar, a El Corte Inglés, a la antítesis de la Navidad. Pero esta noche es otra cosa.Y les pertenece sólo a ellos. Mi ilusión es, pero es otra. En los niños, puedo encontrar la inocencia y la autenticidad de quien cree en la bondad y en lo imposible. Sus caritas reflejan una emoción que va más allá del deseo de recibir un juguete. Se trata de algo más. Es creer en la magia, en que existen seres maravillosos que esa noche llegarán a su casa montados en sus camellos y les visitarán a ellos. A ellos. Y beberán la leche que con mimo han dejado preparada. Y mordisquearán las galletas. Y hasta los cereales de chocolate que este año les han dejado... porque les van a encantar, ya lo verás.
No dejarles un montón de regalos es un favor muy grande que les hacemos. Pero no sólo para prevenir todos los males de la abundancia, que también. Es que, simplemente, es teñir de valores materiales algo que va más allá. Y que, además, es radicalmente innecesario. La ilusión es la noche, es la espera, es quedarse dormido creyendo que esa noche los Reyes Magos con sus camellos estarán en su salón, es saberse buenos porque los malos, en el fondo, no pueden ser de verdad.
Feliz noche de Reyes y que os traigan a todos mucha ilusión, mucha inocencia, mucha bondad y un corazón un poco más niño.
