Sigo dándole vueltas al por qué de esas rutinas tóxicas, que nos envenenan, que sabemos que nos envenenan y que... seguimos practicando.Estoy investigando desde otros campos, desde otros puntos de vista sobre la realidad y estoy llegando a un tema que me está interesando mucho. La teoría que me está convenciendo de que podemos cambiar, incluso aquellos hábitos bien interiorizados en nuestra vida, tiene que ver con la forma en la que diseñamos nuestra propia estrategia acerca de lo que es para nosotros la realidad.
Voy a intentar entenderla con ayuda de mis lectores. Imaginemos que usted quiere dejar de fumar, comer menos, hacer más deporte, tener mejores resultados en su trabajo... Quizá lo haya intentado unas cuantas veces... sin éxito. "¿Por qué", se preguntará, "si estoy plenamente convencido de que si no fumo (adelgazo, entreno, soy más productivo...) seré más feliz?".
Bien, pues porque estamos hablando, no sólo de acciones, sino de creencias. Es decir, de todos los "no puedo", "soy/no soy", "debo"... Y las creencias suelen estar tan fuertemente arraigadas en nuestro interior que se convierten para nosotros en la realidad. Es decir, al final, no creemos en lo que vemos... sino que "vemos" sólo lo que creemos.
Es tremendamente curioso.
Y lo cierto es que aprendiendo y descubriendo cómo fue que una determinada creencia limitadora se instaló en nuestro "hardware", seremos capaces de "desinstalarla" y recuperar el sistema que más nos convenga a nuestros intereses. En libertad y en consciencia.
¿No es maravilloso?
Yo sigo investigando.
Tengo el interior luminoso, reformado y en plena ebullición.
¡Viva el interiorismo!